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El Reclamo

Aquí tenemos a una de las más viciosas “incomunicaciones” que puedan haber, pensarán que exagero pero úsala seguido por un tiempo y lograrás quizá lo que tanto temes, o en el fondo deseas. Un quiebre tan profundo con el otro que raramente se puede subsanar. 

No hablo de un reclamo circunstancial o legítimo cuando el otro rompe una promesa o compromiso. Hablo del reclamo casi como una postura, una posición de enojo y cobranza ante la vida y los otros, como un castigo, un deseo de hacer sentir mal al otro, como modo de debilitar su otredad, su atrevimiento quizá, de no darte lo que esperabas te dieran tus padres. Es tan común esperar que la pareja finalmente nos compense lo que tanto necesitábamos recibir de nuestros padres. 

Llega un momento que ese reclamo vicioso, la cobranza constante en realidad se vuelve un reclamo por la insatisfacción de la propia vida. 
Esto último lo leí en algún lugar y me voló la mente. Tal cual. Es una gran revelación. El constante y vicioso reclamo al otro oculta un “Tú haz algo, cólmame, lléname, sálvame de esta insatisfacción devoradora, de este tedio sórdido. Y si no lo haces será tu culpa!”