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Expectativas Infinitas de la pareja

Por lo general las expectativas desmedidas van de la mano con la creencia de que definitivamente deberíamos recibir lo que deseamos (demandamos) por el hecho simple y gracioso de que somos tan especiales. Aquí debo presentar a Fernando Savater diciendo: “Supongo que ello se debe a un residuo incurable de nuestra breve etapa infantil de omnipotencia alucinatoria: todos fuimos momentáneamente dioses y es difícil reponerse de tan refulgente experiencia.” (Diccionario Filosófico: Templanza)

Y bueno es de todos los ámbitos de la vida, el de la pareja quizá, en donde más creemos que tenemos el derecho de ejercer la refulgencia de nuestra alucinada omnipotencia. Entonces tenemos estas expectativas por demás inconscientes: de ser únicos, exclusivos, adorados, apuntalados en nuestro frágil sentido de yoidad.

En casos más extravagantes pero no menos comunes la demanda es que el otro nos salve. Nos salve de nosotros mismos, de asumir nuestra vida, del tedio de una vida que al no haberla habitado con decisión y propósito ha terminado siendo una ruina.

¿Cómo podría el otro lidiar, mucho menos satisfacer expectativas tan infinitas? Que de paso siempre vienen disfrazadas de ooootra demanda, más aceptable, más políticamente correcta. Sería mucho mas fácil si uno dijera directo y sin tapujos: Vida, por favor hazte cargo de mi íntima insatisfacción con la vida misma… 
Riendo -Claro amor, yo me hago cargo, te mandaré un formulario de Google para que hagas la petición. 
Ahí el hechizo y la pesadez se disuelven. Casi un acto psicomágico.